La mujer en la literatura

Poemas de Rosalía de Castro, la poeta de la tierra

Hoy día encontramos innumerables ejemplos de mujeres escritoras y ello no nos extraña. Pero no siempre fue así. Hace apenas dos siglos esto era insólito y la mujer se encontraba en una posición que no era nada favorable para desarrollarse como literata. Y los poemas de Rosalía de Castro fueron una de esas raras excepciones.

Algunas mujeres tuvieron la audacia de abrir caminos no trazados, navegando contra corriente; hablamos de las mujeres escritoras de los siglos XVIII y XIX, que tuvieron que romper el duro cascaron que las acogotaba: la mujer debía limitarse a la esfera doméstica y cumplir con su función de buena esposa y madre, volcada en sus hijos y marido, y perfecta ama de casa concentrada en las labores domésticas. En este estrecho ámbito debían moverse las mujeres. Y las literatas de esta época rompieron el estereotipo y emprendieron un camino que apenas había sido trazado, teniendo que reinventarse como mujeres. Puedes ver otro ejemplo de valentía en el artículo Emily Dickinson, poemas de una mente privilegiada o en Mary Shelley, la biografía de una gran mujer.

Antes de Rosalía de Castro, vamos a pegar un repaso por la mujer lectora del siglo XIX

Durante la mayor parte de la historia, las mujeres no tenían acceso a los libros, la mayor parte de ellas eran analfabetas, pero en los siglos XVIII y XIX, esta situación va cambiando: las esposas debían tener cierto nivel cultural fundamentalmente porque eran las primeras maestras de sus hijos y no podían ser analfabetas. Así aparecen las «primeras» mujeres lectoras.

Estas mujeres van a dedicar todas las horas posibles a leer y sus maridos van a temer tener demasiada manga ancha, por lo que van a intentar siempre mantenerlas encarriladas: una buena mujer debía leer, sobre todo, lecturas piadosas y novelas insulsas; no podían tener acceso a toda clase de libros y debían dedicarse sobre todo a leer a los niños, para instruirlos.

mujer lectora y niña
Las mujeres debían leer sobre todo para lo niños, con el fin de instruirlos.

Pero las cosas no se van a desarrollar así: las mujeres van a leer para sí mismas, algunas de ellas van a tener una buena educación en las letras y algunas también van a sentir la llamada de la escritura. Creo que en esta época se puede decir que detrás de muchas de las mujeres escritoras que nos dio el siglo XIX, había un padre de carácter más abierto que apostó por la educación de su hija (no es el caso de Rosalía, que creció sin padre).

mujer lectora
La lectura va a empoderar a las mujeres que van a salirse de los papeles establecidos.

Un recorrido por la vida y los poemas de Rosalía de Castro

Del rumor cadencioso de la onda
y el viento que muge;
del incierto reflejo que alumbra
la selva o la nube;
del piar de alguna ave de paso;
del agreste ignorado perfume
que el céfiro roba
al valle o a la cumbre,
mundos hay donde encuentran asilo
las almas que al peso
del mundo sucumben.

«Del rumor cadencioso de la onda». Rosalía de Castro
mujeres escritoras
Pocas mujeres tuvieron la valentía de salirse de lo establecido. Rosalía de Castro fue una de ellas y su voz ha reverberado en nuestras manos.

Primeros años: la pérdida de su madre

Unos primeros años sin madre ni padre, la pena honda del abandono. Así comienza la vida de Rosalía de Castro. Hasta los cinco años vivió con unas tías paternas. Su padre, sacerdote, no la reconoció. Su madre la desterró de su lado, no pudiendo afrontar la crianza de su hija ella sola debido al miedo y la vergüenza. Pero el amor la pudo y en 1842 se hizo cargo de ella. Rosalía mantendría una buenísima relación con su madre hasta la muerte de esta en 1862, hecho que supuso un duro golpe para Rosalía quien escribiría un libro de poemas dedicado a ella, A mi madre; en él describiría el profundo dolor de la pérdida que resultaría irreparable; nada pudo llenar el hueco que dejó su madre.

¡Ay, qué profunda tristeza!
¡Ay, qué terrible dolor!
¡Tendida en la negra caja
sin movimiento y sin voz,
pálida como la cera
que sus restos alumbró,
yo he visto a la pobrecita
madre de mi corazón!

Ya desde entonces no tuve
quien me prestase calor,
que el fuego que ella encendía
aterido se apagó.
Ya no tuve desde entonces
una cariñosa voz
que me dijese: ¡hija mía,
yo soy la que te parió!

¡Ay, qué profunda tristeza!
¡Ay, qué terrible dolor!…
¡Ella ha muerto y yo estoy viva!
¡Ella ha muerto y vivo yo!
Mas, ¡ay!, pájaro sin nido,
poco lo alumbrará el sol,
¡y era el pecho de mi madre
nido de mi corazón!

Rosalía de Castro

Tuvo una educación bastante pobre y en 1856 se fue a Madrid donde conoció a Manuel Murguía, con quien se casó. Los distintos trabajos de Manuel obligaron a la pareja a vivir desarraigados de su tierra, tan añorada por Rosalía, hasta que en 1871 se instalaría definitivamente en Galicia.

Rosalía de Castro
Rosalía de Castro amaba su tierra.

Nuevamente las pérdidas

Su marido apoyó a Rosalía en su carrera literaria, pero sus relaciones personales no fueron tan armoniosas. Tuvo 7 hijos, de los cuales el sexto, Adriano Honorato, moriría al año de nacer y la última, Valentina, nació muerta. Nuevamente la pérdida; nuevamente el desarraigo. Durísimos golpes para Rosalía.

Mi tierra, Rosalía de Castro.

Su obra

Escribió poesía y novela, aunque es más conocida por sus poemas, siendo una de las escritoras españolas más influyentes del siglo XIX. Los poemas de Rosalía de Castro se recogen en tres grandes obras: Cantares gallegos (1863), escrito en este idioma, considerado el libro fundacional del Rexurdimento de la cultura gallega. Follas novas (1880), su segundo y último libro de poemas escrito en lengua gallega. Por último, En las orillas del Sar (1884), es su último libro de poemas, obra de madurez de carácter intimista.

Rosalía de Castro Follas Novas
Follas Novas fue el segundo de sus grandes libros de poemas de Rosalía de Castro.

Una escritora audaz

Rosalía se movió, en cuanto a su proceso creativo, con plena libertad. Escribió con su propio nombre en una época en que la literatura femenina no era tomada en serio, pero ella quiso dar la cara. Escribió en gallego, en un momento en que esa lengua era despreciada. Está claro que fue una escritora audaz que supo navegar a contracorriente y remontar las grandes olas de la cultura.

Los poemas de Rosalía de Castro fluyen como si de un riachuelo se tratara. Parece que le resulta tan fácil, parece que su voz innata es la poesía. Una poeta que dio voz a su pueblo y a su tierra. Y también a sí misma y a su alma dolorida. Inspiradora.

La muerte de Rosalía

En 1885, cuando contaba con 48 años, Rosalía de Castro murió por un cáncer de útero aparecido dos años antes. A su muerte pidió a sus hijas que quemasen todos sus escritos. ¿Por qué querría quemarlo todo?, ¿habría expuesto demasiado su alma en esos últimos escritos? Las hijas obedecieron. Cuando volvió a casa su padre y vio el montón de cenizas, les reprendió: «¡Habéis quemado la gloria de ella y la fortuna vuestra!».

Sus últimas palabras fueron: «Abre esa ventana, que quiero ver el mar». Pero desde su casa de A Matanza no se veía el mar. ¿Qué mar quería ver? Todo río desemboca en el mar. ¿Aceptó que había llegado el final del viaje?

Leamos otro de los poemas de Rosalía de Castro e imaginemos que su voz fuera como esas campanas. Afortunadamente sus poemas han llegado hasta nosotros y seguirán sonando como un arroyo vivo. Queda lejos el silencio.

Las campanas
Yo las amo, yo las oigo,
cual oigo el rumor del viento,
el murmurar de la fuente
o el balido del cordero.

Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.

Y en sus notas, que van prolongándose
por los llanos y los cerros,
hay algo de candoroso,
de apacible y de halagüeño.

Si por siempre enmudecieran,
¡qué tristeza en el aire y el cielo!
¡Qué silencio en la iglesia!
¡Qué extrañeza entre los muertos!

«Las campanas», Rosalía de Castro
Rosalía de Castro cita

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