Libros escritos por mujeres

Pequeños fuegos por todas partes, la llama que nos transforma

Ficha del libro

Título original: Little Fires Everywhere (Pequeños fuegos por todas partes)
Autora: Celeste Ng
Primera edición: octubre de 2017
Género: Novela contemporánea
Alba Editorial (Alba Contemporánea)
Traducción: Pablo Sauras
386 páginas

Sinopsis de Pequeños fuegos por todas partes

En Shaker Heights, una tranquila y próspera zona residencial de Cleveland, todo está planeado, desde el trazado de las carreteras hasta los colores de las casas, incluso el triunfal futuro de sus vecinos. Nadie encarna mejor este espíritu que Elena Richardson, cuya vida se rige por un principio fundamental: jugar siempre dentro de las reglas sociales.

La historia comienza cuando Mia Warren, artista enigmática y madre soltera, llega a esta idílica burbuja con Pearl, su hija adolescente. Mia lleva consigo un pasado misterioso y un desprecio por las reglas que acabarán amenazando esta comunidad tan cuidadosamente ordenada.

Pequeños fuegos por todas partes

Llamas ardientes en continuo movimiento, perennes llamas azules que no se mueven un ápice, chispas que se inflaman, chispas que parecen encenderse pero que terminan apagándose convertidas en humo, cenizas grises y frías, humo tibio, fuegos que queman y transforman, grandes hogueras, pequeñas e insignificantes llamas, llamaradas que destruyen y se destruyen para volver a reconstruirse… una miríada de fuegos ardiendo y viviendo sus pequeñas o grandes vidas y modificando continuamente la vida de los demás. El fuego es el agente transformador por excelencia y esta novela va de eso, de transformaciones, de morir y resurgir de las cenizas.

pequeños fuegos por todas partes
El fuego es el agente transformador por excelencia.
Foto: Mahandeep Singh.

Una pequeña fisura

Todo comienza en un espacio granítico: una comunidad perfectamente ordenada donde todo en ella está previsto y normalizado. Pequeñas llamas que arden en perfecto equilibrio, totalmente controladas.

En el centro de la escena está la roca por excelencia, el ejemplo vivo de este cementerio de muertos: la señora Richardson, esfera perfecta que contiene de forma hermética y controlada su vida y su familia, pero no es verdad… esa esfera tiene una fisura, una fisura que apenas se ve, pero que es profunda y hunde sus raíces en el abismo. Solo hace falta la presión del aire inflamado para que la esfera estalle en mil pedazos.

Ese aire inflamado, ese viento nuevo y fresco que va a desordenar y hacer volar todos los papeles, que va a transformarlo todo, es Mia Warren, una artista nómada y madre, madre por excelencia: de su hija, a la que ama profundamente, y de otros muchos personajes más que van apareciendo en su vida.

El fuego es engañoso, brilla y nos ciega, sin dejarnos ver la madera que lo alimenta. En Pequeños fuegos por todas partes ocurre lo mismo.

Ahí está Elena Richardson, deslumbrando con su vida aparentemente sólida, con unos hijos perfectos, una madre impecable que da a sus hijos lo mejor: un hogar estable, el mejor colegio, todas las necesidades cubiertas…

Y ahí está Mia, arrastrando a su hija de una ciudad a otra, sin un trabajo fijo, sin raíces, sin saber dónde van a vivir y qué van a comer…

Así comienza esta novela. Pero a medida que pasas las páginas vas descubriendo que Mia es la madera y que Elena y su vida son solo luz inasible y fugaz, o mejor aún, son solo humo.

Innumerables fuegos, innumerables madres

La maternidad juega un papel muy importante en Pequeños fuegos por todas partes: madres perfectas en apariencia que en realidad son enormemente torpes; madres descuidadas que en realidad han nacido para eso, para ser madres; madres inmaduras que abortan; madres adoptivas que lo mismo aman a un bebé que aman a otro, precisamente por eso, porque son adoptivas; madres que abandonan a sus hijos y que vuelven por instinto dispuestas a todo para recuperar a sus hijas…

Pequeños fuegos por todas partes gira en torno a la vida de estas madres, las expone en la esfera cotidiana, se mete en la piel de cada una, empatizando con todas ellas, pero al final pone las cosas en su sitio. Me encanta el final que nos dice: Nada es perfecto, somos imperfectos, somos humanos. Al final te das cuenta de que has empatizado con todos los personajes, al margen de que sientas más afinidad con unos que con otros. Mia también se da cuenta de esto. Puedes ver qué significa para mí la buena crianza en la serie de artículos que escribí con el nombre de Decálogo para la buena crianza (I, II, III y IV).

maternidad
Madre-hija.
Foto: Jonny Lindner (Pixabay).

Una prosa fluida y sencilla

Últimamente le doy muchas vueltas al tipo de escritura que quiero hacer y me hallo entre dos aguas. Como lectora, me gusta el drama, los grandes conflictos, la intensidad, pero también admiro a quien tiene una prosa más sencilla, transparente y fluida como el agua, que es incolora, inodora e insípida, pero que a medida que leemos más y más, o incluso cuando ya hemos terminado y reflexionamos sobre la historia, consigue, como el agua, calarnos hasta los huesos.

Lograr esto es difícil y yo creo que Celeste Ng y sus Pequeños fuegos por todas partes lo consiguen. 

Como escritora pienso que muchos de nosotros, que estamos empezando y que no contamos con la maestría que te da la experiencia, nos agarramos al recurso de narrar los grandes conflictos, las historias más dolorosas, las emociones más intensas, temerosos de aburrir al lector, de no saber cómo atraparlo.

Yo tiendo a buscar la intensidad, por una parte, porque soy muy emocional, pero por otra parte porque carezco de esa maestría para calar hasta los huesos a través de una prosa sutil y sencilla. Y, aunque me gusta el drama, está entre mis objetivos superar ese reto de lograr tocar al lector desde lo cotidiano.

Celeste Ng (puedes visitar su página de autora, en inglés) nos hace disfrutar a nosotros, que empezamos a leer no muy seguros de querer terminarlo hasta que nos damos cuenta de que no podemos dejar sus páginas.

¿Conoces a más autores de este estilo? Autoras que parece que no te están contando una gran historia hasta que te sorprenden porque en realidad es más profundo de lo que parece. Cuéntame a quién tienes en la cabeza. Te escucho.

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