La mujer en la literatura

Mary Shelley (1797-1851), la biografía de una gran mujer

Mary Shelley, una personalidad inspiradora

Hay mujeres que han abierto puertas hasta ese momento infranqueables, mujeres que han derribado muros, sólidos muros cimentados por la cultura y la tradición, mujeres que han pisado tierras ignotas, trazando en ellas caminos completamente nuevos…

Hubo un tiempo en que la mujer solo podía cumplir su función marital y maternal, nada más. Mary Shelley cumplió con estas funciones, pero también supo hacer un hueco a sus inquietudes y a su gran pasión: escribir. Y lo hizo en un tiempo en que esto era verdaderamente raro.

A las mujeres no se las tomaba en serio en cualquier ámbito que no fuera el doméstico y algunas cosas eran impensables. De hecho, una editorial aceptó publicar Frankestein con la condición de que saliese a la luz como obra anónima (más tarde su padre la publicaría desvelando el secreto, con la firma de Mary).

Mary Shelley fue una mujer que siempre vivió fiel a su corazón, obedeció sus mandatos y escribió siguiendo el ritmo de sus latidos. Siempre hizo lo que quería hacer y no hubo cortapisas que hicieran intransitable su camino, a pesar de todas las penurias que tuvo que enfrentar su alma. Otras mujeres del siglo XIX que nos dejaron un legado literario inolvidable fueron Emily Dickinson, George Eliot, George Sand, Rosalía de Castro, Emilia Pardo Bazán, las hermanas Brontë (puedes leer mi reseña de Cumbres Borrascosas y conocer un poco de la vida de Emily y sus hermanas aquí).

Tantas pérdidas en el camino…

No es de extrañar que la primera novela de Mary Shelley, y la que ha pasado a la posteridad, fuera Frankestein o el moderno Prometeo, donde un doctor, enloquecido por la búsqueda de la eternidad, da vida a un monstruo a partir de fragmentos de diversos cadáveres.

Mary sufrió durante toda su vida terribles pérdidas, empezando por la de su madre, que murió once días después del parto debido a una infección sufrida durante el mismo —en aquella época los médicos no se lavaban las manos—. Y continuando por la pérdida prematura de varios hijos —abortos espontáneos; el primero siendo muy pequeño; de hecho, solo sobreviviría uno de ellos—.

Quizá Mary Shelley escribió Frankestein con la secreta ilusión de hacer revivir a sus amados muertos. Quizá tendría ese deseo delirante y la conciencia de que ello significaba ir demasiado lejos.

Más adelante sufriría otras pérdidas como el suicidio de su hermana, pero, sobre todo, la muerte de su amado marido, Percy Shelley, de quien guardaría como reliquia su corazón hasta el fin de sus días. Pero Mary Shelley no solo destaca por su fuerza, sino también por su valentía y su audacia, que la llevó a romper los moldes en incontables ocasiones y a vivir a contracorriente.

Mary Shelley, la biografía de una gran mujer

Mary Wollstonecraft Godwin nació el 30 de agosto de 1797, en Somers Town, Londres. Hija de los filósofos y escritores Mary Wollstonecraft —destacada protofeminista— y William Godwin, perdió como hemos dicho, a su madre a los días de nacer, a quien amaría y admiraría profundamente durante toda su vida. Su padre se volcaría en darle una educación excepcional en esa época en la que a las mujeres solo se les enseñaba las labores domésticas.

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Mary Shelley de niña.

A los 16 años conocería a Percy Bysshe Shelley, de quien se enamoraría locamente y que sería su amante, ya que él estaba casado. Sobre la tumba de la madre de Mary planearían la fuga para poder estar juntos. Más adelante la mujer de Percy se suicidó y ellos se casaron. La vida con Percy no echó raíces en ningún lugar, sino que estuvo en constante movimiento, viajando de un lugar a otro.

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Mary y Percy.

La gestación de un monstruo

En mayo de 1916, cuando Mary tan solo contaba con 19 años, la familia Shelley, junto con la hermanastra de ella, Claire Clairmont,que había quedado embarazada del poeta Lord Byron, viajaron a Suiza, a la casa de este último para pasar el verano con él.

Una noche tormentosa en la que rayos y truenos se desplomaban roncos sobre la villa, decidieron pasar el rato leyendo cuentos de terror hasta que Byron propuso un reto: escribir el más espeluznante relato sobrenatural de todos los tiempos.

Fue así como nació Frankestein o el moderno Prometeo, que derivaría en la gran novela que es en el transcurso del año siguiente y haría de Mary Shelley, una de las escritoras más destacadas del siglo XIX.

En esa noche también nació el germen de lo que después sería la novela El vampiro, de John Polidori, obra que después se adjudicaría Lord Byron.

Mary describiría su estancia en Suiza como «el momento en que por primera vez salté de la infancia a la vida real».

Sobre la gestación de Frankestein o el moderno Prometeo puedes leer aquí.

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Frankestein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley.

Nadie puede imaginar la variedad de emociones que me arrastraban como un huracán en el primer entusiasmo del triunfo…prosiguiendo con mis cavilaciones, llegué a pensar que, si podía otorgar vida a la materia inerte, podría con el tiempo, aunque entonces me resultaba imposible, renovar la vida en los cuerpos a los que la muerte había condenado a la putrefacción.

Frankestein o el moderno Prometeo. Mary Shelley

Monstruo odiado ¡Infame asesino! Los tormentos del infierno serán un castigo demasiado benévolo para tus crímenes. ¡Demonio inmundo! ¿Me reprochas que te haya creado? Pues, bien, acércate y extinguiré el brillo de la vida que, en mi locura, supe alumbrar en ti.

Frankestein o el moderno Prometeo. Mary Shelley

Regreso a Inglaterra y desarrollo de su carrera

En 1822 Percy murió durante una tormenta en el mar al naufragar su barco. Ahí acabaría el peregrinaje de Mary que, destrozada, regresó a Inglaterra, para quedarse, después de una breve estancia en Génova. En Inglaterra, entre 1823 y 1840, Mary desarrollaría su carrera como escritora y editora. Escribió novelas como El último hombre (1826), Perkin Warbeck (1830), Lodore (1835), Falkner (1837)… También publicaría libros de viajes, biografías, poemas y un largo etcétera.

Los últimos años de la escritora transcurrieron junto a fuertes dolores de cabeza y ataques de parálisis de diversas partes del cuerpo hasta que el 1 de febrero de 1851 murió debido a un tumor cerebral, a los 53 años.

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¿Has leído Frankestein? ¿Qué te pareció? ¿Te ha inspirado la biografía de Mary Shelley? ¿Qué puertas crees que deben abrirse hoy día? ¿Qué caminos se han de trazar? ¿Qué muros se han de derribar? Espero tus comentarios.

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Si te interesa la biografía de Mary Shelley:

Mary Shelley: su vida, su ficción, sus monstruos. Anne K. Mellor

En busca de Mary Shelley. La joven que escribió Frankestein. Fiona Sampson

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2 Comments

  1. Beatriz Díaz Rodríguez

    20 septiembre, 2019 at 10:19 am

    A mi me encantó Frankestein, tanto como conocer que nació como un juego en una noche de tormenta, ¡es tan romántico!.
    Felicidades por el blog, está genial.
    Beatriz.

    1. Mahandeep Kaur

      20 septiembre, 2019 at 11:52 am

      Muchas gracias, Beatriz. Me alegro que te guste.
      La historia de cómo se gestó Frankestein es genial. Los escritores se deben unir, jugar, se genera un espacio tan creativo. La escritura es muy solitaria y este tipo de cosas es un soplo de aire fresco.

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