Habitación propia

Decálogo para la buena crianza I

La última lección que todos debemos aprender es el amor incondicional, el cual incluye no solo a los demás, sino también a nosotros mismos.

Elizabeth Kübler-Ross

Desde que nació Irene, he querido ser una madre consciente. Quise y quiero criarla con unos valores, no de cualquier manera. Me di cuenta de que ser madre te colocaba, ante todo, en un espacio de crecimiento. Hay que ser cada día mejor persona para poder ofrecer a tu hij@ una infancia lo más nutritiva posible y lo mejor de ti y hay que ser cada día mejor persona para poder darle un modelo adecuado, una referencia a seguir.

Mi modelo familiar, aquel que yo viví y del que aprendí, no es para nada un modelo nutritivo ni se acerca lo más mínimo a un modelo de crianza respetuosa con el niño. Por eso tuve que leer mucho, tuve que aprender de nuevas y sigo aprendiendo, cada día, porque desgraciadamente no es solo que no haya sabido criar de una manera positiva, sino que arrastro un equipaje lleno de reacciones automáticas y modelos negativos de los cuales me es difícil deshacerme. Pero lo estoy consiguiendo.

Como te decía, tuve que leer mucho para construirme un mundo nuevo, un edificio de creencias, valores, comportamientos, actitudes… de los que carecía, pero sobre con los que quería construir esta nueva etapa. Durante el embarazo, y, después, los primeros años de Irene, devoré una gran cantidad de libros sobre crianza respetuosa (sí, no se cómo, pero siempre he conseguido sacar tiempo para leer, jajajjjajajajj). Y aprendí mucho. Y me gustó mucho lo que leía.

De todas estas lecturas, de la experiencia posterior como madre y también de mi experiencia como hija, pude construir este decálogo de la buena crianza.

1. Ama incondicionalmente.
2. Respeta.
3. Escucha.
4. Empatiza y valida sus emociones.
5. Mira, acaricia, abraza.
6. Ten en cuenta su opinión.
7. Regala tu tiempo y tu presencia.
8. Relaciónate siempre desde la verdad.
9. Acepta tus errores y aprende a decir lo siento.
10. No la juzgues, no le castigues ni le premies.

Pero vamos a hablar más en profundidad de cada uno de ellos. En este post y en los siguientes iré hablando de cada uno de los puntos:

1. ama incondicionalmente

El amor incondicional corresponde a uno de los anhelos más profundos, no sólo del niño, sino de todo ser humano.

El arte de amar, Erich Fromm

Sin este punto, no podemos construir el edificio de una buena crianza. Es primordial. En mi libro Nubes, uno de los poemas, esta vez en prosa, hablo de ello:

Mercadear con el amor, te quiero si te portas bien, ya no te voy a querer si no haces lo que yo quiero, es desintegrar el suelo bajo los pies del niño y poner en su lugar un abismo de tristeza. El corazón del niño llora y sus lágrimas caen, caen sin llegar nunca a un fondo donde reposar.

Nubes. Mahandeep Kaur

El niño o la niña necesita un amor sin condiciones, porque es consciente de su vulnerabilidad, de su fragilidad en el mundo, y el amor de sus padres es el suelo que l@s sostiene. Si el suelo no es estable, nuestr@ hij@ se sume en la mayor de las inseguridades y en el más profundo de los miedos. La niña o el niño necesita a sus padres y su amor con la misma intensidad que necesita el agua para sobrevivir.

Es ruin mercadear con el amor, amenazar con retirarlo si nuestr@ hij@ no se comporta como es debido. Poner condiciones. Es ruin porque la herida que infliges al niño es grande. Es ruin también porque logras tus objetivos gracias al miedo no a un deseo genuino. Es ruin porque cercenas la libertad de la niña o el niño, apagas todas las velas, imposibilitando que el alma de nuestr@ hij@ brille con luz propia. Se me ocurre que mercadear con el amor es ejercer el totalitarismo en tu familia. Es cercenar la libertad, la tolerancia, la planta que está creciendo. Es no dejar que la planta crezca con sus singularidades. Es retirarle el agua y dejar que se marchite. Por suerte, l@s niñ@s salen adelante, llen@s de cicatrices, sí, pero adelante. Y afortunadamente much@s terminan por sanar.

A veces es difícil, much@s de nosotr@s no nos damos cuenta de que estamos poniendo condiciones al amor; simplemente repetimos lo que hicieron con nosotr@s. Además, es más cómodo, una forma fácil y rápida de conseguir lo que quieres del niño o la niña. Es importante que paremos y observemos para hacernos conscientes. Ser consciente es el primer paso para poner remedio. Una vez nos demos cuenta, cambiemos: aguántate las ganas, busca otras maneras de conseguir las cosas, sé creativ@, valora la individualidad de tu hij@, ten mucha paciencia y acepta que no siempre te vas a salir con la tuya. Es bueno que no te salgas con la tuya siempre. Es loable dar cabida a otros seres. Es encomiable querer hij@s libres para desarrollarse plenamente, para poder manifestar la salvaje belleza que encierra su alma singular. Es bello amar incondicionalmente.

La semana que viene hablaré sobre el respeto, la escucha y sobre empatizar y validar sus emociones.

¡Feliz semana!

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5 Comments

  1. Teri Vera

    5 abril, 2019 at 7:49 am

    Precisamente en el último libro que he leído, Una educación de Tara Westover, pensé justamente en una segunda parte si la autora se decidiera a escribirla y donde plasmara precisamente el poner en práctica lo desaprendido. Creo que se torna difícil en muchas ocasiones porque esa educación se nos marcó a fuego. Creo importante que para llevar a cabo el desapego -creo que podría llamarlo así- de esa primera educación, la que recibimos, debiera empezar por dejar nuestro nido desde muy pronto a la vez pienso que tampoco es nada recomendable tener nuestros hijos justo en esa etapa. «Fallamos» -entrecomillo esta palabra porque no me parece un fallo en sí- cuando procreamos aún estando en el proceso de formación como posibles futuros padres .
    Muy buena entrada que apunta buenas maneras con tan buena introducción.
    Gracias guapa.

    1. Mahandeep Kaur

      5 abril, 2019 at 8:38 am

      Teri, te digo por experiencia propia que se puede… es más, yo dejé el nido muy tarde, no el físico, sino el emocional, y con todo, he podido cambiar muchas cosas, lo primero de todo, haciéndome consciente y trabajando siempre desde la conciencia, sin dejar nunca de quitarme un ojo de encima; y luego con mucha constancia y, de verdad, he podido cambiar muchas cosas. Por otra parte, en mi caso, he ido creciendo a la vez que mi hija y ella ha sido el motor y la excusa para crecer.
      Mira que le tenía ganas a Una educación, desde que lo pusieron en el grupo como lectura conjunta, pero ahora mucho más.
      Gracias a ti, Teri.

  2. Teri Vera

    5 abril, 2019 at 8:51 am

    Efectivamente. Saliste más tarde del nido pero no procreaste en el proceso de futura madre. Y sí, los hijos enseñan mucho. 🙂
    Deseando saber tu opinión cuando lo leas. Besazo.

    1. Mahandeep Kaur

      5 abril, 2019 at 9:30 am

      No sé si te entiendo bien. Por lo que entiendo sí es verdad que no es lo mismo tener un hijo a los veinte que a los cuarenta, por muy inmadura que seas. Los días pasan, dejan una pátina y nos van haciendo, siempre, y a los cuarenta se está más preparada por muy lenta que sea la maduración. No quiero ni pensar qué hubiera sido de Irene y de mí si la llego a tener a los veinte años. Hay que estar preparada para dar el salto, se necesitan unos mínimos para crecer como queremos. Teri, no sé si te entiendo bien, o si esta es una conversación de locos, hablando cada una de una cosa distinta, jajajaj. Un abrazo.

  3. Termo Vera

    7 abril, 2019 at 6:22 pm

    Lo has entendido perfectamente.
    Un besazo, guapa!

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