Madre

Decálogo para la buena crianza IV

«Antes de JUZGAR a nadie piensa que no todos recorremos el mismo camino por la vida.»

Anónimo

El primer día hablamos del amor incondicional, el más importante de todos los puntos (puedes verlo aquí). El segundo día hablamos del respeto, la escucha y la empatía (puedes verlo aquí). La semana pasada hablamos de la mirada, las caricias y los abrazos; de tener en cuenta la opinión de nuestr@s hij@s y de darles tiempo y presencia (puedes ver el artículo aquí). Hoy vamos a hablar de los tres últimos puntos: Relaciónate siempre desde la verdad. Acepta tus errores y aprende a decir lo siento. Y No la juzgues, no le castigues ni le premies.

8. relaciónate siempre desde la verdad

… y crea un espacio de intimidad con tus hij@s.

La verdad, un valor fundamental en todos los aspectos de tu vida. Me obsesiona la verdad, por ejemplo, cuando escribo. Creo que es un ingrediente que no debe faltar, perseguir la verdad, siempre, porque la verdad es lo que le da valor y sentido a un escrito, lo que hace que no esté vacío. Pero me estoy yendo por peteneras… volvamos a l@s hij@s.

Se puede faltar a la verdad de dos maneras: mintiendo y ocultando. Cuando mentimos muchas veces enviamos un doble mensaje. Llegamos cansad@s y tristes por algo que ha sucedido y nuestr@ hij@ pregunta qué nos pasa. «Nada, no me pasa nada.» L@s niñ@s no son tont@s y de este modo les confundimos. Esto es un flaco favor para ell@s. Se sienten confundid@s, no entienden por qué no les cuentan la verdad, se sienten insegur@s. Tenemos la costumbre de mentir a nuestr@s hij@s y de no hablar de ciertos temas, porque pensamos que no son adecuados, por la edad que tienen, por ser temas aburridos, para protegerles, etc. No queremos hablar de cosas del trabajo, de que nos hemos enfadado con nuestra pareja, de la muerte…

«La verdad os hará libres», decía Jesús. Tenemos ese deseo de protegerles siempre, pero la verdad es lo que nos sana, por dura que sea; la verdad nos hace crecer, nos hace tener un suelo firme bajo nuestros pies, nos da confianza en la vida y en nosotr@s mism@s. Los niños tienen capacidad para enfrentar situaciones como el duelo, tienen capacidad para comprender, por ejemplo, que sus padres necesitan tiempo para sí mismos en pareja o que se han enfadado, y no solo tienen capacidad, sino que además necesitan comprenderlo. Todo es una red íntimamente tejida, todo está relacionado. Si tú me dices la verdad, entonces yo comprenderé el gesto del otro día, las palabras que dijiste; entonces comprendo el mundo y el mundo se adecúa a lo que yo estoy percibiendo y sintiendo. Los niños, por último, y este es un tema en el que al niño se le engaña o se le oculta la verdad… los niños necesitan vivir y gestionar el duelo por la muerte de alguien cercano. No solo lo necesitan, sino que además, viviéndolo van a obtener un importante aprendizaje.

Otro tipo de mentiras son las que parece que no tienen importancia y que les hacen la vida más fácil, como por ejemplo cuando van a ponerles una vacuna y les dices: «No te preocupes, que no te va a doler». Esta mentira va a mermar la confianza que puedan tener en ti y, además, les impides que puedan prepararse emocionalmente, que desarrollen sus propios recursos para enfrentar las situaciones.

Y ya por último decir que si siempre te relacionas desde la verdad vas a generar una confianza, un espacio de intimidad que a la larga va a proteger de verdad a tu hij@, ya que cuando tenga problemas, acudirá a ti y tendrá la confianza de contártelos. Además es precioso sentir que confían en ti.

Un espacio de intimidad con los hijos e hijas cimenta una confianza para toda la vida.
Imagen de Free-Photos en Pixabay

9. acepta tus errores y aprende a decir «lo siento»

Es tan importante relacionarte con tu hij@ de igual a igual, de persona a persona. Sí, tú sabes más de ciertos aspectos y tienes que guiarle en algunas cosas. Sí, hay cosas en las que debes imponer tu criterio. Pero eso no quita para que siempre le escuches, siempre tengas en cuenta su opinión y siempre aceptes que puedes cometer errores y que cuando los cometas, es importante que te disculpes. Hay que desterrar ese concepto de Yo soy más que tú, yo siempre tengo razón, yo sé lo que te conviene y yo nunca me equivoco. No tengas miedo a que, si muestras tus debilidades y muestras los posibles errores, te pudieran tomar por el pito del sereno. Todo lo contrario. Si reconoces que no siempre tienes razón, te tomarán más en serio. Sé humilde. Ello va a ser como una caricia para tu hij@ y va a suponer el colocar una cimiento sólido en la construcción de su personalidad y fortaleza, de su estima.

10. no la juzgues, no le castigues ni le premies

Juzgar a las personas supone uno de los mayores venenos con los que podemos lidiar. Por una parte, al juzgar construyes una identidad. Hay un cuento precioso que se llama Un secreto que ya sabes, de Natalia Pérez Sánchez y Alba Pérez Sánchez, que habla de que cada un@ de nosotr@s tenemos infinitas posibilidades de ser y estar en la vida.

Un secreto que ya sabes. Natalia Pérez Sánchez y Alba Pérez Sánchez. Ilustraciones de Guiomar González.

Cada vez que juzgamos vamos destruyendo esas posibilidades y vamos limitando a la persona, la vamos aprisionando cada vez más, la vamos conduciendo al redil y a la estrechez. Por otra parte, un juicio negativo mina la autoestima de tu hij@, le marchita. Una amiga me dijo hace mucho tiempo: a un niño o a una niña no se le debe decir: «ERES de tal manera», sino «Has ACTUADO de tal manera». De este modo no la condenas a ser, y le das la posibilidad de enmendar sus errores, le das la libertad de actuar. Y, además, no apuntas hacia su autoestima, no la hieres. Por ejemplo: no es lo mismo decir: «Eres un vago», que decir: «Te ha dado pereza estudiar el examen». En el primer caso, estás apuntando con una cerbatana directamente a su autoestima y estás condenando a la niña o al niño a ser de una manera. En el segundo caso, proporcionas un espacio abierto a la reflexión y a la posibilidad de hacerlo de otra manera la próxima vez; y no estás afectando la autoestima de tu hij@.

En cuanto a premiar y castigar, se premia y se castiga al adiestrar a un perro o a una foca. Pero si queremos ayudar a que nuestr@s hij@s tengan un criterio y unos valores, vamos a tener que hacer el esfuerzo de explicarles porque algo es bueno o malo, conviene o no conviene. Las cosas se deben hacer porque un@ quiere hacer el bien, quiere beneficiar al mayor número de gente, no porque va a conseguir algo material o se va a librar de un castigo. Debemos actuar desde el interior y con motivaciones que salgan de nuestro interior, la satisfacción de hacer las cosas bien, de hacer lo correcto, lo que un@ piensa que es mejor.

Los premios nos dirigen hacia el exterior y vacían de sentido nuestros actos.
Imagen de Paul Brennan en Pixabay

Con esto acabo mi decálogo personal acerca de lo que pienso que es una buena manera de criar a los hij@s y, por extensión, de tratar a cualquier persona: amar incondicionalmente; respetar; escuchar; sentir empatía, validar sus emociones; mirar, acariciar, abrazar; tener en cuenta su opinión; regalarles tiempo y presencia; relacionarte desde la verdad; aceptar tus errores, disculparte si es necesario, y no juzgar, ni premiar ni castigar. Espero que te haya servido. ¿Añadirías algún punto más? ¿Crees que se me ha olvidado algo? ¿Estás de acuerdo con todos los puntos? Me gustaría saber cuáles son tus directrices.

Foto de portada: Mahandeep Singh

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