Espiritualidad

Ostara

No lo dudes
también la marea tiene flores
bahía primaveral

Matsuo Bashô

Estos días nos traen a Ostara, diosa de la fertilidad y de la luz. Y llega el 20 de marzo, el equinoccio de primavera. Los brotes de los árboles están empezando a abrirse y en las ramas comienzan a asomar las hojas tiernas y frescas, de un verde que es pura luz y sol de mañana. Los animales también están despertando. Ya podemos escuchar el canto de la primavera.

Los ruiseñores
detrás de los sauces
delante de las zarzas

Matsuo Bashô

Ostara deriva de la palabra austrō, y también de la raíz aues-, que significa “brillar”. Hay que relacionarla también con la diosa griega del amanecer, Eos, la Aurora de los romanos.

La tierra ha renacido. Quien se pregunte qué pasa después de la muerte que mire los ciclos del año, que observe cómo despierta la tierra después de ese largo periodo letárgico que es el invierno.

Hay un precioso mito griego que explica el cambio de las estaciones y, sobre todo, el regreso de la primavera. Se trata del mito de Perséfone. Perséfone, hija de Deméter, diosa de la Tierra, era una joven doncella vivaz y hermosa de quien Hades, el dios del Inframundo y de la Muerte, se enamoró, raptándola y llevándosela a su reino subterráneo. Deméter, desesperada, la buscó por todo el mundo y cuando se enteró de que la había raptado su hermano Hades, cayó en la desesperanza y descuidó sus funciones, sumiendo a la Tierra en el más crudo de los inviernos. Finalmente, la diosa pactó con Hades que Perséfone volvería al mundo, pero como la doncella había comido seis granos del fruto de la granada allá en el reino de los Muertos, debía volver al inframundo seis meses al año. Y es la profunda tristeza de Deméter cuando su hija se va la que nos trae el invierno, un largo periodo de oscuridad y esterilidad, y el regreso de Perséfone junto a ella le colma de alegría haciendo florecer la tierra y trayéndonos la primavera.

Como despertar, como renacimiento, como triunfo de la luz sobre las sombras, ya que a partir de ahora los días serán más largos que las noches, hay que señalar este día. La naturaleza vuelve a brindarnos sus dones, la madre tierra nos tiende las manos rebosantes de vida nueva. Y hemos de celebrarlo. Honrar a Ostara, honrar la vida, honrar la belleza, honrar la sangre y la savia corriendo por venas y nervaduras.

E iniciar nuevos proyectos, aquello que nos rondaba por la cabeza al calor de nuestra llama interna, ya que los días empiezan a ser más largos y es tiempo propicio para realizar los sueños, para sembrarlos en la tierra fértil de nuestra conciencia recién despertada.

Es tiempo de salir y recoger en nuestra piel la luz del sol, la caricia del aire todavía fresco. Y crecer, crecer, crecer como crece la hierba, expandirse, abrirse como los pétalos de una flor, abrirse para recibir las bendiciones de la naturaleza. Es tiempo de pintar el lienzo en blanco con nuestros sueños. Es tiempo de romper el cascarón, nacer de nuevo… un año más.

El renacimiento primaveral se simboliza con el huevo, símbolo de la fertilidad. De ahí viene la tradición de decorar los huevos de pascua y regalarlos, esperando así que sus vidas sean prósperas y con abundantes bendiciones. El conejo, símbolo de la fecundidad y considerado uno de los animales sagrados de la festividad de Ostara, también lo ha heredado nuestra tradicional fiesta de pascua.

En definitiva, qué hacer durante estos días:

salir a pasear al campo para celebrar toda la vida que brota a nuestro alrededor, tomar conciencia del continuo movimiento de la vida en su muerte y renacer

sembrar nuevas semillas y sembrar nuestros sueños, comenzar nuevos proyectos

pintar y decorar huevos que simbolicen nuestro renacer y el de la naturaleza y regalárselos a nuestros seres queridos para desearles prosperidad.

El ruido de alguien
sonándose la nariz
ciruelo en flor

Matsuo Bashô

¡Feliz Ostara!

Foto: Mahandeep Singh

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