Espiritualidad

Imbolc

Imbolc es una de las fiestas mayores de la rueda del año celta. Me gusta celebrar estos hitos remontándome a las más antiguas tradiciones, pues son de estas de donde han nacido el resto de ellas. Además, creo en Dios, pero no me adscribo a ninguna confesión concreta. Dios es todo lo creado, es la vida palpitando y lo inerte con toda su energía.

Imbolc (i mbolg) significa «en el vientre» y es que en estas fechas la primavera y la vida rebullen en el vientre de la tierra, esperando para manifestarse. La madre tierra está preñada, podemos sentirlo en el aire, en esas mañanas de sol en que da gusto salir, en los brotes de los árboles ya preparados para abrirse, en los días cada vez más largos, en esas flores de almendro que están empezando a nacer, en la tierra fresca y húmeda, un vientre perfecto para acoger a la primavera. La sangre corre por nuestro interior, bulle, se prepara; aunque las pieles todavía lucen ajadas y pálidas, vemos signos de la vida pugnando por salir.

Pero Imbolc también se puede ver como la madre que ya ha alumbrado la luz en el solsticio de invierno, momento a partir del cual los días son cada vez más largos. Imbolc se celebra 40 días después del solsticio y hace referencia a la necesaria cuarentena que tiene que pasar la madre para restablecerse. Las cuarentenas son periodos de tiempo muy poderosos.

El retorno de la vida en Imbolc celebra el retorno de Brigantia o Brigid, la diosa celta de la metalurgia y el fuego (de aquí viene santa Brígida y la fiesta de la Candelaria). Y es que en estas fiestas el fuego es el elemento preponderante. Es un tiempo de purificación, de aplicar el fuego transformador y deshacernos de todo aquello que no queremos en nuestras vidas. Hay que concentrarse en lo que queremos manifestar y eliminar todo aquello que pueda dificultar la manifestación: actitudes, emociones, personas. Es un buen momento para hacer una buena limpieza en la casa, tirando aquello que no necesitamos y moviendo los muebles para mover las energías. Y también purificarse un@ mism@ y eliminar energías estancadas frotando un buen puñado de sal marina por la piel durante la ducha.

Era tradición colocar, la tarde de la víspera y hasta bien entrada la noche, una vela en puertas y ventanas para ayudar al sol a calentar la tierra después del frío invierno (ojo con las velas). También se tomaba leche y queso para celebrar esta fiesta.

¡Feliz Imbolc!

Foto: Mahandeep Singh

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